La realidad es que no tenemos control sobre todo. La vida, por definición, es un peligro desde la primera vez que respiramos. ¿Puede alguien fallecer por el hecho de que un aeroplano caiga sobre su cabeza o ir pasar toda una vida nutriendo leones en una jaula sin que le pase absolutamente nada? Sí.

El juego de la vida en apogeo puede generar la ilusión de seguridad, pero realmente, lo que verdaderamente ofrece es una vida limitada y carente de entusiasmo y logros.

Ganar un alto salario fijo en una enorme multinacional o bien tener un trabajo público puede ser considerado como seguro para mucha gente, mas, en medio de una grave crisis económica, como la que sucedió en Grecia recientemente, por servirnos de un ejemplo, compañías enteras desaparecieron del mapa, así como más de cien empleados públicos que fueron despedidos. ¿Garantiza la ley la estabilidad? No. Esta se disuelve en entornos extremos, por el hecho de que las leyes cambian y el caos es el trato.

Emprender es nadar en el océano. No te debes limitar a estar en un acuario. Es comprometerse a tener un reto diario para demostrar al mundo su valor, para poder cazar su comida, en lugar de ser alimentado por la ración diaria de comida que se distribuye en el acuario.

La verdad es que cualquiera que se abstiene de aceptar peligros a cambio de garantizar su supervivencia, para poder pagar sus facturas al final del mes, disminuye la probabilidad de padecer daño. No obstante, aumenta las posibilidades de que lamente no haber seguido su instinto natural, de haber descubierto una vida de luchas, de defraudes, mas también de grandes logros.

Este es el instante en el que creo que muchos se estarán preguntando: “mas si todos deciden emprender, ¿quién trabaja en las compañías?”

Primeramente, esto es imposible, en tanto que estadísticamente, en el último instante, la mayor parte se echa atrás por miedo a perder. De manera frecuente, las grandes masas abandonan su única ocasión de vencer a la primera señal de turbulencia y optan por una vida atascada, pero “segura”.

Sin embargo, aceptando la posibilidad de que un texto como este anime a la gente a emprender, fomentaríamos la disminución en el suministro de mano de obra, lo que produciría un incremento substancial en los sueldos, que por su parte aumentaría el poder adquisitivo de los productos vendidos por las nuevas empresas.

Bueno para el empresario. Bueno para el profesional. Bueno para el país. Bueno para todos.

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